jueves, 10 de noviembre de 2011

Pedro Pablo

Pedro Pablo era lúcido, facundo, memorioso y espirituoso.  Sin embargo, era aludido como “El Loco Pedro Pablo” pero no era propiamente loco sino un artesano chispeante muy leído y bohemio  Hablaba de los prodigios de la naturaleza y de los audaces líderes de las guerras.  Hablaba del Decamerón,  de Flanmarión, de Pigmalión, la Galatea, de Hitler, de Napoleón, de Luis XV, de Teofrasto y del manco de Lepanto y cuando apuraba las copas se desbocaba pronunciando sus discursos llenos de sapiencia hasta la madrugada.  Era hijo de Isabel Fernández, hermano de la maestra Chepina y de Rosita y todos, familiares y extraños, lo celebraban como un personaje sensiblemente extraño, más celebrado aún cuando se esmeraba en sus creaciones artesanas elaborado dijes y otros accesorios de la mujer con una concha de quelonio llamado Parape.  Muchas veces yo me desviaba de la Escuela para verlo en el patio de su casa trabajando y puliendo el Parape en forma de pulseras, hebillas, sortijas, zarcillos y las máscaras de papel embadurnado sobre un molde de arcilla extraída de los acantilados de La Cabecera.
Muy admirado se hizo Pedro Pablo durante los días de Año Nuevo cuando construyó y sacó la alegórica Diversión de un avión rodando sobre las ruedas del Triciclo de Marcos Antonio mientras Josefina Antón, la preciosa hijo de Chica Sánchez,  conducía como solista el coro de las guarichas.  A Pedro Pablo deje de verlo cuando me fui a Caracas y alguien me dijo después que lo había sepultado el mar o el aguardiente.

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