martes, 15 de noviembre de 2011

Ñeros en el Mar Rojo

Los “Ñeros” estaban como pobres de nuevos horizontes cuando el turco Salim les abrió los postigos de lugares remotos que excitaron  su espíritu de hombres de mar y, sin pensarlo mucho, un día antes de la octavita de la virgen se hallaban buceando los ostrales del Mar Rojo.
De Margarita a las costas de Arabia hay un buen trecho y la distancia se refleja en  la naturaleza, forma y color de las costas.  Perlas como las de Paraguachoa, ninguna.  Aquellas madreperlas de allende los mares eran más pobres que el alma del "turco" Salim Abouchamad, empresario de la idea.
En la propia geografía de los acontecimientos, allí frente a las costas de Eritrea y Socotora, las celosías de la emoción por nuevos mares promisorios se cerraban.  Había que regresar.  Caletearon pesados fardos del ejército italiano que se alistaba para invadir a Etiopía y se hicieron de unas cuantas liras para sobrevivir y escapar de los nubarrones belicistas que se cernían sobre la negra Abisinia.
En Venezuela, Gómez tenía la muerte anunciada, pero el Correo era más expedito  que el de ahora y mi General pudo enterarse a tiempo de las vicisitudes de aquellos diecisiete pescadores margariteños que quisieron establecer su ranchería en las costas africanas.  De manera que ordenó todas las providencias consulares para reponerlos de nuevo en el punto de donde salieron un 24 de julio de 1934.  Al cabo de trece meses retornaron los “ñeros” de aquella  aventura parecida a un cuento de la sultana Scherezada.

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