domingo, 29 de diciembre de 2013

Diversiones Patrimonio Cultural Isla de Coche

Diversiones de isla de Coche declaradas Patrimonio Cultural intangible
A partir de este domingo 29 de diciembre  (2013), el Festival de Diversiones de la isla de Coche, tradicional manifestación colectiva del municipio Villalba del estado Nueva Esparta, será declarado Patrimonio Cultural Intangible. 

"La actividad alcanza sus 38 años de realización ininterrumpida. La primera entrega fue el 6 de enero de 1972, y para ese entonces era sólo un pequeño encuentro, con algunas agrupaciones que recorrían las calles del pueblo. Este año son 12 grupos que con sus artes escénicas deleitarán a los 3.500 asistentes que se estima disfrutarán de este evento popular", resaltó el coordinador cultural del municipio Villalba, Luis Miguel Patiño Fernández. 

Las diversiones son pantomimas bailables arraigadas en la cultura neoespartana. Algunas de las más conocidas son las del carite, la burriquita, la vaca, el róbalo, la chuiquía, la conocía, el vapor, la osa, el venado, la iguana, la balandra, el mono y el sebucán. 

Se trata de una manifestación que involucra la música, el canto, el teatro y la danza como elementos fundamentales de las artes escénicas, conformando una importante representación originaria de la cultura popular insular. 

El Ministerio de la Cultura, Alcaldía de Villalba, Gobernación neoespartana y el Iacene son algunos de los entes encargados de la organización del significativo evento tradicional. 

martes, 3 de diciembre de 2013

Personajes de la Isla de Coche


Evangelia
Cuando cumplió ochenta años Evangelia mandó a fabricar su urna, toda con madera de cedro, forrada de terciopelo marrón, de suerte que cuando falleció no hubo apremio en buscar al carpintero, tampoco por la bóveda ni  los cargadores, pues las hermanas de la Cofradía del Carmen se encargaron de conducirla en hombro hasta el Cementerio, a fuerza de cánticos alusivos al solemne momento sepulcral.


José Jesús

Siguiendo la estela de su abuelo materno, subió la jarcia hasta el carajo y divisó un mundo nuevo imposible para su permanencia.  Retornó al punto de partida donde  la vida había que anclarla con tenacidad  más que con el engaño que alguna vez lo puso de mal humor.  Al final mejoró en el trabajo productivo que le costó la vida en una noche de viandas aromáticas mal alumbrada por los rayos de una Luna oculta entre nubes de mal presagio.

Elena
Su gran amor la condenó a la muerte y su último deseo de prolongación quedó cumplido, circunstancialmente y sin demora, por la parsimoniosa ebriedad de un hijo bastardo de  Hipócrates.

Petra Margarita
Cuando niña fue la Inmaculada en el cuadro vivo de la escuela de Emérita Marín y desde entonces y para siempre quedó como predestinada para servir  a su Madre hasta que muriese, a su tía hasta el fin de sus días, a su madrina hasta su último suspiro  y a su hermano hasta la ultimidad.  Ahora ella sobrevive a las penurias del tiempo.



Luis José

Coche. Margarita, Caracas, conformaron el periplo de la muerte de Luis José cuando en gesto desbordado de bondad obsequió un costal de algodón a  Cloto para una almohada que alargara con holgura su sueño, pero ella sugestionada por sus otras dos hermana ancianas, se desveló y montó el algodón sobre la rueca de la vida.

Los compadres de Churramón
Yo fui un pretexto para que Churramón sellara su compadrazgo con Justino Marcano, dueño de la ranchería  San Antonio, y con el navegante  Ángel María Salazar (Mallía).  Las dádivas bautismales nunca pasaron de una sarta de corocoros cada vez que los trenes de Justino calaban y una tajada de plátano frito Mallía cuando Lorenza en mi presencia le servía el desayuno.

Juan Moya
Andaba Juan Moya en muletas después que un pez espada le cercenara la pierna derecha. Apoyado en su doble bastón, Juan Moya caminaba tres kilómetros desde Los Olivos hasta Valle Seco y cuando pasaba frente a mi casa yo estallaba en llanto y me escondía por temor a que Juan Moya me arponeara con sus muletas.

Eugenia
Eugenia, más bien “Geña”, la de la calle Fraternidad en Porlamar, era tan gorda que tardaba una hora en caminar desde la sala hasta el patio arbolado de su Casa, donde su hijo el zapatero José la soñaba como el mismo Jesucristo bajando de un borrico para que le remendara sus sandalias.


Chica Sánchez
Vivía noche y día, pegada de su máquina de pedal para que a Lucila, Graciela y Josefina  no les faltara nada y fuesen tan bellas como Afrodita emergiendo de aquel mar de la playa del medio donde como Penélope decidió anclarse a la espera de Ulises  extraviado en los confines azules.

Cotica
Clotilde o Cotica, era morena, espigada, delgada y musical como un vals.  Vivía recordando a Manuel de Jesús cuando la raptó y la hizo suya en aquella colina pedregosa de Zulica donde las chulingas le cantaban himnos nupciales todas las mañanas aurorales.

Chilango
Chilango estaba dotado de una vista prodigiosa  capaz de divisar en alta mar arribazones de lisas, desde la cumbre del Piache.  Una señal desde lo alto alistaba a los pescadores del gran predio de Punta Honda y horas después  en su ranchería espaciosa escalaban con agilidad asombrosa  millares de lisas ahuevadas.  Al final de la jornada, cuando el Rey de la luz se ocultaba bajo su manto crepuscular, tronaba la cohetería eclipsando las estrellas que inquietas  se asomaban en el cielo de la Isla.

Yaguarón
No sé porqué se llamaba o lo llamaban Yaguarón.  Supongo para compararlo con el Yaguarey descomunal, fruto rojo y espinoso del cardón. O tratando, dada su estructura corporal, de encontrarle parecido con el Yaguar o jaguar.  Sea como sea, lo cierto es que Yaguarón era más o menos así y por ello las mujeres lo soslayaban, más todavía desde que una joven pescadora quedó sexualmente desgarrada en la orilla de una playa solitaria.

Lorenza
Lorenza se tragaba los libros sin digerirlos.  Al fin, ¿con quién podía comentarlos si vivía cautiva en el cautiverio tradicional del matrimonio?  Solía ver a Ulises cuando retornaba de sus prolongados viajes marítimos. El libro prestado era su alimento espiritual y yo, ahijado de su marido, su único proveedor hasta agotarse todos los ejemplares de mi humilde biblioteca.  Recuerdo haberle prestado el mismo libro 150 veces hasta que me reclamó con aquella dulzura característica: “Américo, hasta cuando me vas a prestar el autorretrato de Giovanni Papini?”

Petronila
Petronila tenía las extremidades inferiores tan prolongadas que devoraba las distancias sin tener que correr, en un tiempo inferior al empleado por el común de los isleños.  Al llegar a la Bodega lejana, sin saludar a la clientela, decía: “Lo mismo de siempre, Victoria”.  Cuatro dedos de ron blanco en la copa eran suficientes para sentirse fortificada durante el día.  Pero todo en la vida tiene su final, natural o trágico,  y la nonagenaria Petronila quedó tendida en el suelo frente a la Iglesia cuando perros bravos la paralizaron de muerte.  Desde entonces, los isleños ven muy de noche una jauría tratando de sobrevivir a las coces impetuosas de un caballo.

Chica Antonia
Su voz era solemne. A veces difusa, pero casi siempre poderosa y penetrante.  Rompía con todas las tonalidades y llegaba sin rubor a todos los confines. La voz de Chica Antonia era única y valedera.  Ninguna otra se atrevía a responderle, se tragaba la plaza, reventaba el pecíolo de las hojas, maduraba prematuramente los frutos y convertía en tempestad los vientos que azotaban los cerros pedregosos.  Sólo el buzo Eduvigis sabía donde residía su debilidad, pues cuando llegaba desenfundado de la escafandra, la mujer se desmayaba como lirio entre sus manos de corales.

Leandro
Leandro no hablaba, balbuceaba y se daba golpes en el pecho como tratando de arrancar la palabra que a pesar de que nunca salía, Tía Victoria comprendía.  Digo yo que comprendía cuando le daba coco y papelón.  Con eso Leandro aparentemente se mantenía y cuando iba al Boquerón, detrás de la iglesia, a drenar sus intestinos, los muchachos lo acosaban en forma tal, que para defenderse, Leandro lanzaba unas lajas que rasgaban el aire y producían un zumbido de sirena.

Chano Paruta
Fue durante mucho tiempo el único Policía de la Isla de Coche y su única arma de reglamento era un rolo que sólo pudo utilizar una vez, no para reprimir, sino para hacer que cayera un racimo del único Tamarindo que había en el lugar, justamente vegetando muy cerca de la Prefectura.  Gracias a los efectos purgantes ese racimo fue la única vez que faltó al servicio de gendarme, precisamente, el día en que por primera vez se cometió un delito de importancia en el pueblo.

Isabel (Beca)
Beca cuando la conocí era ya una anciana encorvada que madrugaba  para localizar por el Oriente el lucero más grande del firmamento y aguardar que despertara Marcos Antonio, el único hijo de Tía Victoria, para servirle la avena.  Vecina de donde vivía, Beca tenía una casa grande que nunca habitó y que cuidaba una perra llamada “La rancho” amarrada al tronco de una mata de yaque.  Un día en que un muchacho brincó la empalizada y husmeaba por los cuartos, la perra desesperada logró zafarse, pero en vez de morder al intruso, mordió a Tía Beca que venía entrando por la puerta del corral.

Abdón Lozada
No hizo otra cosa en su vida que rasgar la guitarra española que le trajo un marino amigo de ultramar.  Abdón ejecutaba muy bien su instrumento de cuerdas con el cual acompañaba su canto y no hubo comparsas, parrandas ni fiestas familiares donde el hijo de Tarita Lozada no estuviese como protagonista de la música.  Sólo faltó a la cita una vez y fue para siempre, un día en que se pasó de clavija y reventó la fina prima de su guitarra.  La cuerda no fue posible hallarla en ninguna parte y cuando por encargo un marino la trajo de Cumaná, Abdón formaba parte como solista del Coro Celestial.

Manuel Marval (Maneque)
Venció todos los obstáculos que le impedían establecerse y alcanzar sólida posición comercial en la Isla.  Lo  que no pudo vencer fue su obesidad que le frenaba la agilidad que exigía un negocio que además de bar y farmacia, disponía de una mesa de billar donde se había hecho experto en carambolas muy seguidas, por todas las bandas.  Era un gordo solo y sin hijos, nunca divorciado de su buen humor y que a pesar de su obesidad pudo conquistar  a Josefina Lares, la dama más hermosa y  atractiva del lugar.

Nicanor Arismendi (Canoncito)
“Canoncito”  porque  era hijo de “Canón” el mayor, homónimo, y también lo retaco y chiquito, pero virtualmente fuerte como el Herrero  del pueblo que era.  Siendo capaz por herencia de hacer dúctil y maleable el hierro a través de la forja, no  podía aguardar que sus paisanos dejaran de asociarlo con la firmeza y dureza del acero.  Por eso lo contrató el circense Almeidine a fin de que fracturara a golpe de mandarria una enorme piedra sobre su pecho. Por eso el Padre Chiconalde lo encargó por tiempo vitalicio,  de la artillería de fuegos artificiales durante las fiestas patronales de San Pedro.  Canoncito era chistoso y adicto al aguardiente que lo condujo muy tempano al delirium tremens  llegando a encadenarse a su forja como auto-castigo por haber, según él,  robado el fuego de su forja al dios Vulcano de los griegos.

Flores Robles Brito
Lo recuerdo como un hombre de enigmática presencia.  El pueblo lo veneraba  porque casi siempre acertaba la curación de sus males.  Su único hijo, Alejandro, heredó sus primitivos conocimientos.  Alejandro era un negro lavado con cierta gracilidad femenil.  Flores residía y ejercía en un lugar retirado llamado “La Uva” frente a un mar lleno de corales, rodeado de xerófilas y ganado cabrío.  Nunca le faltó nada   Nadó en la abundancia por los favores recibidos y al igual que a San Pedro, el patrono de la isla, los dueños de rancherías, lo incluían con una parte de las ganancias de sus pescas.

Vitico Carreño
Los isleños lo llamaban “Vitico” a pesar de su talla atlética y la reciedumbre de su brazo derecho lanzando slider y rectas para el home cada vez que se producía un encuentro entre las novenas del Cardón y Valle Seco.  El Catcher de su equipo le tenía terror porque los lanzamientos 100 millas por hora quemaban sus manos y a veces lo tumbaba.  Vitico habría terminado en las Grandes Ligas si los scouts del béisbol norteamericano hubieran sabido de la existencia de Coche.  Los gringos supieron de la Isla cuando durante la Segunda Guerra Mundial instalaron un faro para guiar a sus barcos de guerra.

El Loco Pedro Pablo
Era un bohemio solitario cuyo verbo evitaban quienes poco sabían de los sabios.  Me lo encontraba en los sitios más insólitos.  Hacíamos buenas migas y cada vez que entraba en crisis alcohólica amanecía en la puerta de mi casa solicitando mi presencia   Era apenas un niño que perdía horas de clases por verlo construir el avión que nunca pudo volar sino en delirios, pero que sirvió como motivo glorioso a una Diversión de fin de año cuyas guarichas lucían los accesorios confeccionados con la concha del Parape  que como fino artesano solía crear en sus ratos de ocios raptados a la bohemia.

Martina
Martina era delgada, parlanchina, pero muy forzuda.  Era la cargadora oficial de la Bodega de Tía Victoria.  Levantaba con sus brazos una fanega de maíz y la conducía sobre su cabeza a un kilómetro de distancia.  En la botadura de un barco allí estaba ella con toda su energía y una vez que el Jefe civil hirió de bala en una pierna a su hijo Abdón.  Tomó a la autoridad por la cintura la elevó como un trasto viejo y luego la lanzó contra las olas de un mar embravecido.

Juan Gil
Se tenía como el hombre más platudo de la isla de Coche.  Silencioso, impenetrable, con gríngolas siguiendo inalterable la misma ruta de su casa a la playa y viceversa.  Por su porte, por sus ojos color de mar y por su manera de ser, parecía venir de aquellos remotos lares del Mediterráneo.  Su barco no era tan grande y su ambición soterrada alcanzaba no obstante todas las áreas de las necesidades de un  pueblo de pescadores. No podía escapar de ser parte de la coloquial cotidianidad tanto él como su familia que eludía el contacto humano y ambiental.  En un pueblo pequeño las fábulas no estaban demás cuando en base a la realidad le atribuían extraños sortilegios o pactos con Poseidón y Eolo, pues conocía los secretos del mar y del viento y sabía cómo sortear los peligros.  Su barco no necesitaba lastre porque siempre estaba colmado de productos para llevar y traer y tener bien surtida la necesidad bien retribuida de los amos de las rancherías.

Tomás Marín
Era el único comerciante que no vivía en su propio negocio sino en residencia aparte relativamente cómoda.  Casado con Josefita, sus únicos  hijos eran los de Juan Gil y su esposa Paulita.  Ambos socialmente se visitaban y alimentaban una estrecha relación comercial y de compadrazgo.  Juan Gil no era tan accesible como Tomás Marín, quien además era el Mayordomo de la Iglesia y quien me guardaba como en una caja de ahorros parte de los dos bolívares que cobraba por cada muerto que yo doblaba en las campanas de la Iglesia.  Por los repiques de los niños fallecidos cobraba menos.  Pero en la isla el índice de mortalidad era muy bajo, por lo que  había que esperar mucho para poder comprar un frasco de la Emulsión de Scott que Tomás Marín vendía y recomendaba para crecer y evitar las enfermedades del cuerpo.

Churramón
Así el pueblo identificaba a Jesús Ramón Coello, el hombre más ilustrado de la isla, pero no pasaba de ser bachiller graduado en Trinidad a donde lo mandó a estudiar su padre el Gobernador de Margarita, General Pablo Coello.  Este título le valió para ocupar los máximos cargos civiles, desde maestro de la única escuela hasta Juez y Jefe Civil.  Gobernadores venían y pasaban y él siempre allí, por eso el pueblo lo figuraba como un Camaleón y en pascuas de año nuevo, ya en tiempos de López Contreras, disfrutó a plenitud una folklórica Diversión llamada “El Camaleón” que en su coro festivo las guarichas cantaban; “..y tiene el rabo largo como Churramón”.

Chente
Inocente Salazar Hernández (Chente) fue el alter ego de Churramón, quien lo educó y formó para que llenara sus faltas y fuese finalmente su relevo como maestro y primera autoridad de la isla. Chente, de espíritu juvenil y despierto, cumplió cabalmente su papel y cuando la isla no tuvo más que ofrecerle para crecer, se casó con la prima Gloria y se fue a la isla mayor en busca de soluciones para sus aspiraciones, pero sin perder nunca contacto con el terruño por el que siempre se desvivió hasta el final de su prolongada longevidad.

Stanilao Windiga Nistan
Era de una presencia voluminosa impresionante venido a la isla eludiendo los desastres de la Polonia de la II Guerra Mundial.  Antes había ejercido su paisano Cooper, fino y elegante, asistido por Chucho Liboria llevándole el maletín de profesional dedicado a tratar los padecimientos ajenos. Chucho Liboria además se distinguía como habilidoso en el manejo del taco del billar de Maneque y era adicto a unas deliciosas pastillas verdes de menta.  Windiga, aunque no dominaba fluidamente  su nuevo idioma, se entendía muy bien con sus pacientes, pero no toleraba a los intrusos, menos si eran políticos venidos de otra parte como aquél imbécil que lo impactó mortalmente con su arma de fuego.

Rafael González
Cuando pasaba por el portal de la acogedora casa de Rafael González se me despertaba el buen gusto por el pan de Tomasa recién sacado del horno cuando no la música que por las tardes brotaba de la mandolina de Rafael cuando regresaba de “La Goajira”, su taller de ebanistería ubicado en las inmediaciones de Punta Honda.  A veces se incorporaba su consecuente vecino Abdón Lozada con su guitarra española.  De esas cuerdas emergió “El Carite”, a ritmo de merengue,  dedicado a la lancha “Nueva Esparta” por los años veinte  se dedicada a “correr” carite por los ramales de “El Coco”.  El canto marino estrenado  en una Diversión tradicional y que sin llegar a los cien años fue acogida como pieza folklórica del Oriente Venezolano estuvo legalmente registrada por su autor meses antes de morir en un hospital.  A mí me tocó redactarle la carta dirigida a María Luisa Escobar, instruido por  un hijo de Aurora, que en los años cincuenta servía como locutor oficial de Radio Cultura en Caracas.

Lorenza
Lorenza se tragaba los libros sin digerirlos.  Al fin, ¿con quién podía comentarlos si vivía cautiva en el cautiverio tradicional del matrimonio?  Solía ver a Mallía cuando retornaba de sus prolongados viajes marítimos. El libro prestado era su alimento espiritual y yo, ahijado de su marido, su único proveedor hasta agotarse todos los ejemplares de mi humilde biblioteca.  Recuerdo haberle prestado el mismo libro 150 veces hasta que me reclamó con aquella dulzura característica: “Américo, hasta cuando me vas a prestar el autorretrato de Giovanni Papini (“Un hombre acabado”)

Alejandrito
Alejandrito Coello, chiquito y redondo, era el capitán de “El Pacificador” tres puño del empresario Manuel de Jesús Coello que cuando se dio por primer vez a la vela fue atrapado por un temporal y se daba por perdido cuando de repente apareció.  Desde entonces fue famoso Alejandrito Coello y como hombre de mar amaba la libertad.  Por eso no soportaba al que fue longevo Presidente de los venezolanos, de modo que cuando de una apoplejía murió el mandamás, escaló el cerro y derribó El Faro, la única obra con la cual el Dictador había favorecido al pueblo.

Geña y Roseliana
La mujer humilde que por ingenuidad caía en las garra sexuales de la primera autoridad  civil de la isla,   se negaba,  por lo general, a decir de quien estaba encinta.  Por esa circunstancia nacieron sin padre aparente, Germán, hijo de Roseliana, famosa  por sus arepas  y José (Chinamo) hijo de Geña, excelente cocinera.  Todos esos hermanos murieron muy temprano.  A Germán se lo tragó la laguna de La Salina y a José, el ron del cual fue adicto desde que su Madre se lo frotaba en la piel creyendo que se había reventado el día que ensayó medir con  su cuerpo la alta torre del campanario de la iglesia.


La Falúa
La Falúa era una goleta con la cual el Gobierno mantenía la comunicación con la isla.  Era el transporte marítimo por excelencia para llevar y traer tanto a funcionarios como la valija del correo, sueldo y salarios de empleados y obreros de la administración pública,  El pueblo vivía pendiente de La Falúa y sentía cuando llegaba por el sonido de la Guarura favorecido por los vientos que azotaban a la isla. También servía ese instrumento natural de los guaiqueríes  para invocar los espíritus de la brisa cuando la bonanza o la calma chicha desinflaba las velas.

El Vigía
El Vigía solía ser un pescador excepcional, dotado de una vista prodigiosa capaz de divisar desde lo alto de un cerro si el cardumen va subiendo o bajando en alta mar.  De acuerdo con el relumbre  y el rielar del desplazamiento,  el Vigía podía descifrar si el cardumen era de lebranche o de lisa, de sierra o carita, de jurel o cojinúa, de  lamparosa o corocoro.  El pescador mayor dueño de la ranchería  descodificaba la señal del Vigía y lanzaba sus botes al mar, armado de redes, garapiños  y arpones.

Chinchorro, tren o mandinga
La red del pescador mayor se conoce como tren, mandinga o chinchorro.  Red larguísima con ancho de varios metros limitado por una interminable hilera de boyas y una interminable hilera de plomo,  Una vez que la red es lanzada al mar para cercar el cardumen, los extremos son llevados  a tierra a través de poderosas cabuyas que con sogas terciadas  a su cuerpo desndo van jalando los pescadores afiliados a Ranchería.

El perro de Marceliana
Marceliana Coello vivió con su único e inseparable compañero:  “Daramis”, un perro negro lanudo al lado del cual interpretaba por las noches en su piano “Claro de Luna”,  y  luego acostada  en el patio contaba las estrellas hasta dormirse.  Una noche  se quedó dormida para siempre.  Su perro inquieto la olisqueó de pies a cabeza antes de salir a la calle a le media noche y llorar  doloridamente como un lobo.  Después del sepelio estuvo sin comer en días.  Finalmente  abandonó la casa y fue a morir sobre la tumba de su ama.

La Guitarra que tocaba sola

Abdón Lozada fue un soltero empedernido.  Su única compañera de por vida fue su guitarra española con la cual interpretó todas las canciones de moda.  Cuando murió, su hermana no aceptó que la guitarra se fuera con él.  Quería tenerla colgada en la pared central de su casa como reliquia.  Pero no pudo soportar su permanencia. La retornó  a su amo porque en los momentos de mayor silencio, tocaba sola.

El Parape de Pedro Pablo

Pedro Pablo Fernández soñó con la tortuga parape una noche copiosa de estrellas que  inundaba su casa.  Si nunca la había visto y la había soñado era porque existía.  La buscó por todos los mares y la encontró sumida en una isla llamada Los Roque nadando en una selva de corales.  La tortuga vino alegremente hacia él para cambiar de vida.  Quería ser prenda de  parape deslumbrando en el cuello de las damas, en los lóbulos de sus orejas, como pulseras o presionando hermosas cabelleras como diadema.


Chucha o una carta sin destino

Chucha Gómez consumió su preciosa virginidad y soltería en el camarote de un Correo que navegó desde y hasta la isla por todos los mares y confines.  Paradójicamente, que recuerde, nunca hubo en la valija una carta para ella.  Sólo muchas tarjetas de condolencia mucho después de aquella la tarde que estampó el último matasello sobre la correspondencia de salida.


Clotilde devorada  por el tiempo
Clotilde Bello era delgada como una aguja y dulce como sus caramelos de limón y frambuesa.  Un día, añorando a Penélope, se puso a tejer y destejer el velo de su casamiento, pero el novio perdido en lontananza se lo tragó como a ella la inmisericorde voracidad del tiempo.




miércoles, 27 de noviembre de 2013

Amor tirado a la mar



Jesús Manuel, tras cortejar en calidad de novio a Natividad, se alistó de marino en un velero  que se eternizó navegando de puerto en puerto sin poder recalar  al punto de  origen.  Natividad, confiando su esperanza en el azar,  le escribía apasionadas  cartas de amor metidas en botellas que luego lanzaba al mar, pero jamás hubo un mensaje de su amado sino de muchos  marinos, uno de los cuales se arriesgó desde alta mar a  impedir que se marchitara el amor de la novia abandonada.

martes, 24 de septiembre de 2013

Las diversiones de la Isla de Coche

En la Isla sacan a la calle en los primero días de año nuevo unas comparsas llamadas “Diversiones”, pues al fin eso es en esencia, diversión. Y nada mejor para empezar el año que la representación teatral de lo que es el modo de vida de un pueblo aislado, pero en comunicación permanente con el mar y todos sus elementos.
                 Es un drama, la representación de una acción cotidiana que tiene que ver con la subsistencia del hombre de mar, es el teatro popularmente folklórico de la pesca que seguramente debe tener su origen en el pasillo, raíz del teatro español caracterizado por la simplicidad de sus argumentos y porque su acción se desarrolla entre gente humilde del pueblo presentando cuadros alegóricos acompañados de música, danza y canto.
                Las diversiones de la Isla Coche son eso, cuadros alegóricos de la pesca, animados por música, danza y canto.
                Los preparativos comienzan con uno o dos meses de anticipación por iniciativa de tres personajes básicos: el financista de la comparsa; el compositor que se inspira en un popular o extraño ejemplar de nuestra fauna marina y el artesano que con artística habilidad sabe dar plasticidad al motivo de la diversión. Luego habrá que comprometer a los músicos, generalmente cuatristas, guitarristas, bandolinistas, maraqueros y tamboreros, más 14 ó 20 gaurichas que en este caso tiene una acepción muy distante a la que le da el diccionario de la lengua. Aquí las guarichas son muchachas alegres y con buena voz que danzan y cantan en coro al compás de la música en dos columnas enfrentadas y alternando posiciones, una que lleva el paso de toda la versificación y la otra que corea con un verso estribillo.
                En el centro y rodeado de espectadores se escenifica el drama, a veces trágico-cómico de la pesca. El pez, la red, el bote y el o los pescadores que cumplen su papel, disfrazados con máscaras de lona. Al final el pescador sale victorioso de su faena, pero algunas veces y ésta es la parte trágica del drama, sale lesionado por la aparición de una raya, un pez-espada o una tintorera.
                De estas pintorescas diversiones salió el célebre “carite” del ebanista y bandolinista Rafael González y el cual, ejecutado a ritmo de merengue, se tiene como representación relevante de la música folklórica margariteña.
                En la propia isla de Margarita estas diversiones se hacen con los más variados ejemplares de la zoología y son populares en este campo la Burriquitala Iguanala Culebrala Osa, el Guayamate, el Pavo y el Turpial.
                Tan populares como el carite en la Isla Coche son la Lisala Anchoala Tortuga y el Robalo. En 1986 los cochenses sacaron el “Rabo-Rubio” de carne exquisita y que pareciera un híbrido de pargo y corocoro.
                A veces las diversiones se vuelven dramas de protestas como lel ocurrido contra las Arrastradoras. La Arrastradora es un moderno sistema de pesca importado del Japón y el cual tiene la particularidad depredadora de atrapar a cuanto pez grande o pequeño se le atraviese y al mismo tiempo destruir la flora marina en general.
                Los cochenses que también se hacen llamar sampedrenses en razón de que su patrono es el apóstol San Pedro, atribuyen la acentuada escasez de peces, a pocas millas de la costa, a la depredación constante por el sistema de arrastre.
                Todos los años, en diciembre, tiene lugar en la Isla un festival donde participan diversiones de todo el Estado Nueva Esparta. En 1986 iban por el décimo. El mismo era organizado por el centro cultural que dirigía desde hacía diecisiete años el sociólogo Romero Arismendi. El año anterior lo ganó “El Bagre” diversión organizada por los pescadores del caserío Güinima.
                Durante esos festivales se les ha rendido homenaje a compositores famosos en el medio como Rafael González, autor del Carite; al médico José Francisco Marval; al bandolinista Eladio González, al guitarrista Abdón Lozada, Susano Salazar, Mateo Salazar, Froilán Lunar, Lencha Millán, Cuicha Lozada, Chemané González y José Mayo.
                En septiembre del 85 las diversiones de Coche se presentaron en Ciudad Bolívar, El Tigre y tenían invitación pendiente para actuar en la Siderúrgica del Orinoco donde existe una buena colonia de isleños encabezados por Régulo Salazar y el médico de Pozo Verde Aníbal Bermúdez.

sábado, 31 de agosto de 2013

Anttígua Iglesia de Coche


Primitiva Iglesia de la Isla de San Pedro de Coche edificada en 1892 por iniciativa del General Pablo Coello, quien presidió la Junta de Fomento designada por la  Municipalidad con tal fin e integrada además por Julián Salazar y Fauto Pérez.   Luego de terminada hicieron venir de España las imágenes de San Pedro, la Virgen del Carmen y el Corazón de Jesús. El trono de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, fue donado por Pedro Evaristo Ramírez y Señora.  La imagen del Corazón de Jesús, de la que fueron sumos devotos el paramédico de la isla, Flores Robles Brito y su hijo Alejandro, fue adoptado por los pobladores del Caserío El Guamache. Arquitectos modernistas y desarrollistas que nada quieren con el pasado  destruyeron la iglesia primitiva y edificaron la actual.


El mar picado de la Isla de Coche

      Fotografía tomada por la artista plástico Elena Fernández

viernes, 9 de agosto de 2013

Las perlas de Cubagua



            El 13 de febrero de 1500 regresaron a España los navegantes Cristóbal Guerra y Pedro  Alonso Niño, cargados de perlas muy hermosas y tan grandes como avellanas, según refiere en sus crónicas el Padre Bartolomé de Las Casas, quien había venido en los primeros días de la conquista a colonizar pacíficamente a la Nueva Andalucía.
            Esas perlas tan grandes como avellanas que descubrieron y comenzaron a explotar los navegantes españoles después del tercer viaje de Cristóbal Colón, era una especie de Dorado, aunque menos costoso que el buscado infructuosamente por los Welseres tres décadas después.
            En 1500 El Dorado parecía estar bajo las aguas de las Islas de Margarita, Coche y Cubagua.
            Utilizando indios buceadores, Alonso de Ojeda, Pedro Alonso Niño y Luis Cristóbal Guerra, recogen gran cantidad de perlas y pronto la noticia llega a la Española, hoy Santo Domingo, cuyos habitantes se emocionan y muchos de ellos deciden trasladarse a Cubagua y fundar allí la primera colonia española en Venezuela.
            De simple base aldeana para la consecución de perlas que en enormes cantidades eran enviadas a España, Cubagua pasó en 1523 a ser una ciudad con el nombre de Nueva Cádiz.
            Era tanta la atracción que entonces ejercían la explotación y comercio de las perlas que el pueblo crecía y la tierra árida y pedregosa se cubría de buenas construcciones.  El gran problema de la ciudad era el agua, la cual se lograba después de penosos viajes a costa firme, de donde también traían indios que destinaban a las labores de pesca y de buceo.
            El florecimiento de la Isla duró unas cuatro décadas.  Un vendaval acabó con ella y sus habitantes tuvieron que regresar a la Nueva Andalucía, hoy Cumaná, y a  Santo Domingo.  De la primera ciudad de Venezuela quedan tan sólo los restos de los viejos muros sepultados bajo un mar casi siempre embravecido por las fuertes brisas que se desatan del Norte.  Hoy es tierra árida y desolada donde ni siquiera nacen los cactus y el mar se ve desierto de barcos y de perlas.


miércoles, 24 de julio de 2013

Los Huesos de San Pedro



Piero de Garzarolli. Roma, 13, (AP)
Una arqueóloga italiana que cree que identificó los huesos de San Pedro, dijo que pasó once años antes de poder resolver el enig­ma de un vacío monumento fu­nerario debajo de la Basílica del apóstol en el Vaticano.
La profesora Margherite Guar­ducci, especialista en inscripcio­nes antiguas de la Universidad de Roma, dijo en conferencia de prensa que comenzó la in­vestigación después de "dar por casualidad" con una urna fune­raria por mucho tiempo olvidada.
Los resultados de sus investiga­ciones lograron grandes titulares cuando la oficina impresora del Vaticano comenzó la publicación de un libreo de la profesora.
"L'Osservatore Romano", órga­no del Vaticano, dijo entonces que la profesora Guarducci estaba convencida que "los huesos de San Pedro han sido final y defi­iitivamente identificados".
"Me llamaron la atención dos techos", dijo la profesora ayer. "Un hueco en la tierra cerca de la estructura fúnebre, que ob­viamente era una tumba, estaba vacío, corno si su contenido hu­biera sido sacado apresuradamen­te. Segundo, la lápida inscripta escondía una cámara interior don­de encontré pequeñas reliquias de huesos humanos."Entonces alguien me dijo que muchos años atrás los excavado­res habían limpiado la cámara interior, colocaron todo en una pequeña caja de madera y la de­jaron en una habitación en la Gruta del Vaticano".
La profesora Guarducci dijo que encontró la caja el verano de 1963 y halló que contenía huesos humanos y restos de una manta roja bordada en oro.
El profesor Venerando Correnti, antropólogo de la Universidad de Palermo, fue consultado. Conclu­yó que los huesos hallados en la caja eran los de "un hombre adulto, de unos 60 a 70 años de edad, y de robusta contextura"
información que la Oficina de Prensa del Vaticano dijo que co­rrespondía a lo que se conoce de las características físicas de San Pedro.
La arqueóloga dijo que las por­ciones de tierra halladas en la caja eran exactamente igual a la tierra en la cámara escondida.
"Eso me llevó a una conclu­sión", dijo.
"San Pedro fue originalmente sepultado cerca de la estructura funeraria. Luego, durante el rei­no del Emperador Constantino (siglo cuarto) sus restos fueron escondidos en la cámara para
evitar saqueos, y cubierto por monumentos sobre los c se construyeron los tres altares
"En 1950 los investigadores abrieron la lápida inscripta  en la pared y hallaron los huesos sin sospechar que habían descubierto lo que he buscado por siglos, los restos de San Pedro” –dijo la Profesora.


martes, 18 de junio de 2013

Quién de la isla de Coche responde a estas interrogantes?

Riolama Fernández

Gregorio Reyes Generosos y gentiles tus comentarios, los agradezco infinitamente. Ademas algunos detalles han exacerbado mis recuerdos y mi curiosidad. En primer
lugar recuerdo haber leido algo de tu amor por la isla de Coche, algo asi
como el origen de tus raíces; resulta ser que mis antepasados por el lado materno (incluida mi madre) eran nativos de allí y cuando conversaban, con frecuencia hacían referencia a alguien de nombre Américo Fernández y a
otras personas del mismo apellido. Nunca he estado en Coche, ya que nací en Margarita y cuando tenia seis meses mis padres se trasladaron a Caracas.
La curiosidad que tengo es si existe la posibilidad de que tu padre sea esa persona de quien hablaban en mi casa. Quienes podrìan darme algunos otros detalles murieron hace años, quizas si te doy alguna informaciòn sobre mi pudieramos satisfacer esta curiosidad. Alli va: mi abuela materna se
llamaba Josefa Perez, sus hermanos Asisclo , Marcolina (quien se caso con
Simon Fernández), Guillermo y Silveria (si no recuerdo mal su esposo se
llamaba Manuel Sánchez). Entre los otros Fernandez que se mencionaban
recuerdo a Victoria Fernández. Alli te dejo ese caso de investigación. Una pregunta final, Tienes una direcciòn electrònica? la mìa es grv68@hotmail.com.
Un cordialisimo saludo._

martes, 16 de abril de 2013

Los "ñeros" que fueron al Mar Rojo a sacar madreperlas


            Los “Ñeros” estaban como pobres de nuevos horizontes cuando el turco Salim les abrió los postigos de lugares remotos que excitaron  su espíritu de hombres de mar y, sin pensarlo mucho, un día antes de la octavita de la virgen se hallaban “arrasando” los ostrales del mar rojo.

            De Margarita a las costas de Arabia hay un buen trecho y la distancia se refleja en  la naturaleza, forma y color de las costas.  Perlas como las de Paraguachoa, ninguna aquellas madreperlas de allende los mares eran más pobres que el alma del turco Salim Abouchamad, empresario de la idea.
            En la propia geografía de los acontecimientos, allí frente a las costas de Eritrea y Socotora, las celosías de la emoción por nuevos mares promisorios se cerraban.  Había que regresar.  Caletearon pesados fardos del ejército italiano a apoderarse de Etiopía y se hicieron de unas cuantas liras para sobrevivir y escapar de los nubarrones belicistas que se cernía sobre la negra Abisinia.
            En Venezuela, Gómez tenía la muerte anunciada, pero el Correo era más expedito  que el de ahora y mi General pudo enterarse a tiempo de las vicisitudes de aquellos diecisiete pescadores margariteños que quisieron establecer su ranchería en las costas africanas.  De manera que ordenó todas las providencias consulares para reponerlos de nuevo en el punto de donde salieron un 24 de julio de 1934.  Al cabo de trece meses retornaron los “ñeros” de aquella  aventura parecida a un cuento de la sultana Scherezada.



viernes, 18 de enero de 2013

El cantor margarieño Perucho Aguirre



            Perucho Aguirre, poeta y cantor de la tierra amada, me regaló su cuaderno que habla de las cosas más bellas y puras de la isla de Coche y de un momento imborrable de su infancia allá en su natal Otrabanda de la Asunción de donde también era su padrino Concho, Juan Cancio, el zapatero Cheque Larez y la maestra Luisa que tantas veces lo salvó de los correazos de aquel papá impositivo que enfermo se ponía la ampolleta él mismo en la vena.  Nos impresiona Perucho con su imagen de niño que trataba de entretener  la pena que le causaba la muerte de su padre y lo que aguardaba, empinado su volador desde la acera donde llegaban los lamentos y lágrimas del velatorio.

            “¿Perucho, mijo venacá, es que no te das cuenta? ¡Tu padre en cuerpo presente y tú en esta calzá montado volador! ¿Tú no ves que estamos llorando? ¡Dame  acá! Ven para que te despidas de tu padre que lo van a tapar”... y Perucho soltándose de los brazos de su maestra pasó corriendo entre aquel gentío de ropas moradas, blancas, y negras hasta ganar el fondo de la casa y esconderse más allá, junto a un riito detrás de una guaratara grandísima donde los ñangaragatos le secaban con lágrimas el recuerdo de aquella sentencia de su padre enfermo postrado en el catre:  “Ya saber Concho, si me muero, tu eres el pái deste muchacho y cuidadito como me lo consientes una porque te salgo”.

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CON SANPEDRO EN EL MAPIRE
Y DE ANGOSTURA CRONISTA
LA VIRGEN QUE TE ASISTA
EN LA TIERRA. DEL CHIGUIRE,


Te fuiste con la sequía
llevándote en tus guarales
 al gran Rafael González
berbiquí de poesía.
Con su Carite por guía
 olor a Carcanapire
en tu sol grande y catire
 te fuiste buscando almíbar
y arribaste a Bolívar
CON SAN PEDRO EN EL MAPIRE.

Con ribazones de Anchoas
 quedó tu Isla de Coche
y titilando en la noche
sus velámenes y proas.
Adios lomas y canoas
El Orinoco en tu vista
alto espíritu de artista
por tu condición humana
si te sembraste en Guayana
A. LA VIRGEN QUE TE ASISTA


Allá quedaron tus gentes
las anclas, los alcatraces
las diversiones vivaces
la luz de Vicente Fuentes.
Los corazones ardientes
de colorida revista
y te hiciste articulista
de los sin odio y ofensa
todo un Señor de la prensa
Y DE ANGOSTURA  CRONISTA.


Emprendes Licenciatura
del Periodismo sin fraude
y logras Suma Cum Laude
premio a tu inmensa cultura.
Eso lo logra el que jura
sin que conciencia le gire.
 porque todo el que se inspire
se hace un hombre de los grande: 
corno AMERICO FERNADEZ
EN LA TIERRA DEL CHIGUIRE.


De su hermano querido y también en la onda del pueblo
Perucho Aguirre, para Américo Fernández    
Ciudad Bolívar.
Maturín 04/06/95