jueves, 17 de noviembre de 2011

Flores Roblis Brito

“La Uva” queda en un punto geográfico noroccidental de la Isla de Coche.  El nombre seguramente le viene por la existencia allí de  las llamadas Uvas Playeras (Coccoloba uvifera) propias de playas y manglares, leñosas, de hojas verdes redondas con nerviaciones rojizas. Florece y fructifica durante casi todo el año. Sus pequeñas flores verdes se producen en una espiga larga que luego se convierte en un racimo  de frutos jugosos y dulces, de fuerte aroma y buen sabor. La grandeza de sus hojas ofrecen buena sombra, diferentes a los de los viñedos puesto  que no es enredadera y la pulpa de sus frutos envuelve a una sola semilla grande  Las plantas de “La Uva” eran en su mayoría xerófilas y entre los animales abundaba el ganado caprino.  El único habitante de La Uva era Flores Robles Brito junto su único hijo Alejandro y las mujeres del oficio diario compañeras de pescadores de nasascercanos.
Flores Brito era un médico empírico adorado por el pueblo agradecido de sus curaciones casi milagrosas.  Si algún paciente llegaba a fallecer bajo su cuidado, no era porque había fallado  él sino porque Dios estaba para bien o para mal urgido de su presencia allá en el cielo.  Por esa filosofía religiosa de vida estuvo justificada incluso la misma muerte de ese hombre de presencia resaltante, devoto del Corazón de Jesús cuya imagen él mismo costeó para que fuera venerado en la Iglesia del pueblo.
Heredó sus trastos de medicina su hijo Alejandro, quien se mudó al Guamache, una aldea de pescadores relativamente prósperos y desde entonces La Uva quedó así como abandonada y mucho más cuando la Dirección de Asistencia Social del Estado se vio obligada a asignarle un médico permanente a los pobladores de la Isla aprovechando la inmigración de galenos que venían de Europa horrorizados de las consecuencias  de la Segunda Guerra Mundial.  Llegó el Doctor Cooper, que adoptó como diligente ayudante a Chucho Liboria que era alto y delgado como él aunque de color pardo.  Después de Cooper vino en iguales condiciones el doctor Estanislao Windiga Nistan, polaco como el anterior, pero más voluminoso y reconcentrado.  A mí me buscó algunas veces para que las patologías con nombres científicos, le buscara su equivalente en el lenguaje criollo coloquial.  Así por ejemplo, le hacía saber que al asma bronquial los cocheros la identificaban como fatiga.
La vida profesional de Windiga en Coche duró poco porque se apareció un salvaje de la política margariteña  y por quítame esta paja de la oreja le dio un tiro.  El voluminoso médico estuvo en el suelo agonizando y todo el mundo impotente, paralizado, sin saber qué hacer hasta que entregó su vida a la tierra sin reclamo ni justicia.

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