domingo, 30 de octubre de 2011

Rosa

Mi tía Rosa vivió siempre en Cumaná.  Al menos desde que contrajo matrimonio con un grato señor de allá.  La conocí cuando fugazmente vino de visita a la isla.  Sus hermanas muy contentas brindaron y ella atrapó una borrachera que la puso a cantar y hablar más de la cuenta. La segunda vez que hice contacto con ella fue en su propia Casa de Cumaná situada en la calle larga. Allá llegué a pernoctar después de haber aprovechado la cola en el “San Rafael”, un barco pequeño de mi padrino.  Por falta de cuarto y cama para huésped, mi Tía me acostó en una pequeña cama portátil al lado de una niña muy bonita llamada Alicia.  Yo con mis pies sobre la almohada de su cabeza y los pies de ella casi rozando  mi semblante de niño moreno.  Fue lo que se le ocurrió a mi Tía evitando seguramente un ardiente contacto pecaminoso.

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