sábado, 29 de octubre de 2011

El aroma alucinante del tabaco

Mi madre era costurera.  Giraba la rueda de la máquina Singer mientras ésta iba pespunteando la costura del vestido por encargo de la mujer del pescador de Punta Honda.  Vestido de cretona barata sin que por ello dejara de tener estampadas  florecitas  parecidas a las que Petrica cultivaba en el jardín colgante del patio de la casa.
Sobre un costado de la Singer, deslustrada de tanto salitre en el ambiente, reposaba entre fumadas el encendido tabaco artesanal con su  humo penetrante.
A veces el tabaco reposaba rato largo cuando mi Madre se levantaba a atizar  la candela del fogón, entonces yo aprovechaba para succionar el aroma alucinante hasta que un mal día la borrachera me puso al descubierto  Desde entonces, nunca más he vuelto a pecar  porque bajaron de la conciencia todos los castigos.

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