miércoles, 9 de noviembre de 2022

LA BODEGA DE TÍA VICTORIA (XIX)

Admiradora de Antonio Lauro era Asunción de Salazar, hija de Tía Victoria, que ejecutaba bien la guitarra y viajo a Ciudad Bolívar para conocerlo. Ella estaba casada con Nicolás Salazar, barcelonés y reputado como contrabandista desde Trinidad con un velero que además disponía en le popa de dos motores fuera de borda para escapar en caso de inspección por funcionarios aduaneros que surcaban el mar en una falúa oficial. Sobre esta actividad escribió Lucila Palacios en la novela “El Corcel de las crines albas” que el 18 de mayo de 1950, fue favorecida con el Premio de Narrativa “Arístides Rojas”, presentada al concurso nacional con las letras A C. M, iniciales invertidas de su nombre legítimo Mercedes Carvajal (de Arocha). La novela es el producto de un viaje realizado ocho años atrás a Margarita con el propósito de ambientarse para escribir una novela sobre los pescadores, pero una vez en la isla la cautivó el tema del contrabando y en ese sentido lo enfocó ceñida a la realidad, pero dentro de una atmósfera de leyenda. Gallegos también vino a Guayana a escribir una novela sobre la Sarrapia y terminó concibiéndola sobre la selva. El Corcel de las crines albas, Lucila Palacios destaca las virtudes del pueblo margariteño que por causas sociales se ve obligado al trajín del contrabando como un medio de subsistencia. Un pueblo honrado, incapaz de robar una aguja, pero que comercia en el contrabando como medio naturalmente propicio para vivir. Entre los personajes de la novela premiada destaca la figura de Martina, una muchacha descendiente de marinos y contrabandistas que en principio rechaza el modo de vida de los suyos, pero que se ve envuelta en el contrabando ante la necesidad. Eufrosina, la madre de la joven, mujer de espíritu enérgico, la “Mejor Marera” de los contornos. Tomaso, patrón de la barca, y Pablo Amzra, comerciante financiador de los gastos del contrabando, pero que no figura en ninguna de las transacciones, son otros de los protagonistas. En el Corcel de las crines albas, título de la novela, configura para la autora el mar como corcel. Cuando los hombres margariteños, agobiados por las circunstancias adversas, tienen que abandonarlo todo, enrrumban las barcas hacia el mar como potros con las crines plateadas. Hay un camino nuevo hacia la reconstrucción de su suelo y de su destino. Según Bettina Pacheco Oropeza, profesora de la ULA, en El Corcel de las crines albas es una de las pocas veces que el Mar Caribe es tratado. “Críticos han señalado que, con contadas excepciones, el mar está ausente en la literatura venezolana como consecuencia de que hemos vivido de espaldas al Caribe, gesto inexplicable en un país que se define como caribeño. De tal manera que resulta todo un hallazgo toparse con el protagonismo del mar en dos obras literarias poco leídas y menos estudiadas: El corcel de las crines albas, de Lucila Palacios, y los Cuentos del Caribe, de Gloria Stolk, subraya la profesora universitaria”. Por su parte, el crítico Eduardo Casanova, expresa que Lucila Palacios, “a pesar de que en muchos sentidos representó un retroceso en comparación con los colosos que la precedieron en la novelística, tuvo grandes méritos: entre ellos el ser la tercera mujer que afrontó con decisión y una gran valentía la tarea de ser escritora, el haber perseverado en la novelística hasta convertirse, con sus doce títulos, en mucho más prolífica que todos sus antecesores y que casi todos sus sucesores, y el ser la primera mujer que alcanzó el honor de ser Miembro de Número de la Academia Venezolana de la Lengua Española. Quizá sus novelas, en general, no tuvieron la misma calidad que las de José Rafael Pocaterra, Rómulo Gallegos, Teresa de la Parra o Mariano Picón Salas, ni las de Ramón Díaz Sánchez, Antonio Arráiz, Antonia Palacios o Arturo Uslar Pietri, pero sí un nivel digno que coloca su nombre entre los de los buenos escritores de nuestro país” Al igual que Antonio Lauro, Lucila Palacios, fue declarada también Hija Ilustre de ciudad Bolívar. En esa ocasión la entrevisté par la prensa local y me dijo que cuando se encerraba a escribir, escribía y escribía solamente porque leer entonces era como pecar y el pecado es condenable. Era tan original que temió siempre las influencias, aún en ese estado indirecto de la lectura. Evitaba que sus creaciones literarias nacieran con el pecado original de la lectura. Si tenía que leer, se leía así misma. De manera que durante la concepción y el parto se alejaba de influencias extrañas. Se prefería sobre todas las producciones literarias. Procuraba que su obra fuera pura como el agua profunda de los manantiales. Acaso pura como el pájaro moriche de su novela “Orquídeas Azules” resistido a dejar la selva porque enamorado estaba de una flor. Ella, en cambio, tuvo que abandonar a Ciudad Bolívar, porque desde el Ávila podría contemplar y vivirla mejor, sin la fiebre terciana y otras zoonosis de la selva que asediaban su existencia a riesgo de una vida menos longeva que la vivida. Porque el jueves 31 de agosto de 1994 cuando dejo de existir, precipitada su muerte por una caída, Mercedes Carvajal de Arocha ya era nonagenaria. Había vivido más que Gabriela Mistral, la siempre humana y lírica poeta chilena de cuyo nombre legitimo (Lucila Godoy) tomo parte de su seudónimo literario para adicionarle el de Palacios es un intento por acercarse al Libertador a través de su madre Maria de la Concepción Palacios. El seudónimo Lucila Palacios surgió en la plaza de Tucupido, entre maestros y amigos de su marido muerto en Londres. Con ese seudónimo publicó su primer trabajo literario en los periódicos “El Unare” (de Guarico) y “El Luchador” (de Ciudad Bolívar). Se trataba de un cuento costumbrista captado de la propia existencia de personajes de la calle cuyas voces llegaban al balcón del hotel de Tucupido donde se hallaba hospedada. Lucila nació en puerto España (Trinidad) en mayo de 1909 cuando el capitán Cecilio Farreras se alzó contra el Gobernador Julio Sarría Hurtado. Su familia retornó a Ciudad Bolívar después de los 40 días de nacida. Su vida transcurrió en el inmueble que es hoy sede de la Biblioteca Rómulo Gallegos y desde allí irrumpió a arengar al pueblo en pro de sus derechos conculcados el día en que falleció el dictador Juan Vicente Gómez. Lucila fue la primera en tomar las calles. La primera en convocar al pueblo y arengarlo en dirección hacia una toma de conciencia a favor de su legítimo derecho a ser libre y darse libremente su gobierno. Se montó sobre uno de los barcos del paseo Falcón y sintió bullir en sus venas la sangre literaria de sus abuelos allí a su lado dándole apoyatura a sus piernas estaban Alida Gambús y Consuelo Estéfano. Solo faltaba el joven Guillermo Benzel, quien desde el día anterior era preso del presidente del Estado, Antonio Alamo, por haber gritado ¡Abajo la dictadura! Tras la caída del Dictador regresó del exilio su tío Félix Montes, recibido por ella en Caracas. Luego, durantes tres años, siguió a su esposo por San Fernando y Tucupido hasta radicarse definitivamente en Caracas que todavía exhibía sus techos rojos, sin que por ello perdiera la visión del Orinoco. Lucila justificaba su permanencia en Caracas porque el clima le asentaba bien a su salud y el medio había sido favorable para escribir la mayoría de sus treintas obras clasificadas entre novelas, cuentos, dramas y ensayos. Los buzos (obra premiada en Cuba, 1939) Tres palabras y una mujer (premiada en el concurso de la Asociación Cultural Interamericana, 1943) El Corcel de las Crines albas (premio Arístides Rojas); Cubil, El día de Caín (accesit premio nacional de literatura, 1960), Tiempos de siega, Orquídeas azules, Signo en el tiempo, La piedra en el vació, Reducto de Soledad, Cristal de aumento, Cinco cuentos del Sur, Ayer violento, Poemas de la noche y el silencio, Espejo Rodante, son sus obras más conocidas. De ellas, la mayor resonancia fue “El Corcel de los crispes albas”, la cual expresa el drama social del contrabandista margariteño. Pero ella solía decir en sus tertulias que personalmente prefería su libro “Tiempos de siega”, tal vez porque lo trabajó intensamente. Un tema fundamentalmente sociológico que apunta hacia el tránsito de una mujer que era todo amor, desprendimientos y entrega total, a la situación de amargada y avara. “Tiempos de siega” se ambienta en Ciudad Bolívar al igual que “Orquídeas azules”. Esta última se recrea a una leyenda guayanesa que cuenta la forma como un pájaro moriche se resistía a dejar la selva por estar enamorado de una flor. En una obra teatral montada en Caracas con música de Maria Luisa Escobar. La poesía también cautivo a la escritora, pero debió alejarse por considerarla que se sentía enteramente realizada en la narrativa. Solo se conoce de ella “Poemas de la noche y el silencio” publicado en 1964. Fue diputada a la Asamblea Constituyente del 45 y luego senadora por el Estado Bolívar. Durante las gestiones de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni se desempeñó como Embajadora de Venezuela en Uruguay- Primera mujer venezolana que asumía esa responsabilidad como igualmente fue la primera en ingresar a la Academia Venezolana de la Lengua. Los margariteños, hasta la vigencia del Puerto Libre, tuvieron fama de contrabandistas. La bolivarense Lucila Palacios se inspiró en esa consabida práctica del drama social del contrabando margariteño y escribió la novela El corcel de las crines albass. Pero lo que ignoraba seguramente la escritora era que una de las principales actividades económicas de Guayana hasta avanzados años de 1800 fue el contrabando. El contrabando nos viene de la colonia obligado por el monopolio del comercio hispano, y no obstante, el libre comercio declarado por el Libertador tan pronto se adueñó del Orinoco, continuó como flagelo defraudador de las rentas del erario público. El segundo gobernador de la provincia de Guayana, Fernando de Berrío, salió reprobado en el juicio de residencia que le hiciera Sánchez de Alquiza por su tolerancia al contrabando que los guayaneses practicaban con los holandeses, aunque el contrabando no era sólo de fuera hacia adentro sino también de adentro hacia fuera, burlando los derechos arancelarios. Bolívar en 1817 se quejaba ante los jefes de puestos que dejaban salir ganando de manera ilícita por Piacoa y San Miguel. Tan habituados a esa práctica estaban los guayaneses que cuando el gobierno de Bogotá (la Gran Colombia) le puso mano dura, se rebelaron y expulsaron al padre José Félix Blanco, quien era el intendente del Departamento Orinoco que comprendía además de su capital Barinas, las provincias de Guayana y Apure, desde 1826. Los guayaneses liderados por patriotas venidos de la guerra de Independencia, Ramón Contasti, Eusebio Afanador, Manuel Pildan y los alcaldes Felipe Domínguez y Nicanor Afanador, se rebelaron y expulsaron de su territorio en 1828 al padre José Félix Blanco. También al gobernador Juan Manuel Olivares. El intendente Blanco, comisionado especial del Libertador, había llegado a la Angostura el año anterior. Todas las autoridades civiles y militares subalternas, así como el comercio y buena parte del pueblo, se sublevaron y expulsaron al intendente y al gobernador hasta Cabruta en un steel boat de James Hamilton bajo la vigilancia armada del oficial Ascensión Farreras. El 10 de noviembre de 1828, el intendente José Félix Blanco fue inquirido y respondió desde Cabruta al general José Antonio Páez, entonces jefe superior y militar de Venezuela, para explicarle los motivos por los cuales el pueblo de Guayana armó una rebelión contra su persona. En efecto, el coronel José Félix Blanco, quien había sido administrador de las Misiones del Caroní, tan pronto asumió su nuevo cargo de intendente, dictó una serie de medidas administrativas con la anuencia de Bogotá, dirigidas a frenar el contrabando y asegurar el pago puntual de los impuestos. Dichas medidas administrativas sin embargo cayeron muy mal en la población, especialmente en el sector comercial y empresarial y desató una oleada de repudio general que terminó con su derrocamiento y expulsión de la región. El coronel José Félix Blanco, al explicar al jefe militar venezolano las razones por las cuales hubo prácticamente una sublevación contra su gobierno, las resume en los siguientes puntos: ● Que las medidas arancelarias impuestas desde Bogotá a un pueblo acostumbrado a utilizar el contrabando como actividad económica normal, tenían que ser recibidas con marcadas muestras de resentimiento por todos los pobladores. ● Que existía una lucha por la administración de las rentas entre muchos ciudadanos ambiciosos y poco idóneos. ● Que el decreto sobre alcabala afecta duramente la parte débil de la población, pero que se había logrado acostumbrar a la gente a pagar sus rentas, prueba de lo cual era la recaudación obtenida que sobrepasa los 10 mil pesos. ● Que existían intereses creados de personas poderosas e influyentes que se oponían a sus medidas al verse afectados en la eliminación del contrabando y en obligarles a pagar unos impuestos a los que se habían acostumbrado a burlar. ● Que se usó en su contra el descontento de todos los militares depuestos. ● Que hubo oposición del alto comercio para cancelar deudas muy atrasadas y cancelar nuevos impuestos

RELATO DE LA ISLA (XX)

XX La Bodega de Tía Victoria virtualmente gozaba de ciertos privilegios pues nunca tuvo que pagar impuestos. Los cobradores de Hacienda jamás tocaron las puertas de su bodega, pero sí frecuentemente los necesitados de la isla de Coche, el Padre chico Nardui le dijo que mientras más desprendida y caritativa fuera, más oportunidad de vivir tenía. “Por lo menos que me favorezca con la longevidad de mi padre José de la Cruz Tillero”, feliz marinero que navegó por todos los mares y como buen marino en cada puerto tuvo un amor y hasta hijos como en Ciudad Bolívar, Nueva York y Puerto Rico donde se quedo anclado hasta los ochenta años de edad cuando se perdió en el horizonte. A lo mejor Neruda se inspiró en él. Era lo que Tía Victoria creía: “ Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa, no vuelven nunca más / En cada puerto una mujer espera / los marineros besan y se van. Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar. Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa, no vuelven nunca más./ En cada puerto una mujer espera; / los marineros besan y se van. Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar”. Tía Victoria habría querido morir en el lecho del mar porque la isla donde vivió siempre está rodeada de mar, pero murió en su cama portentosa hecha de cedro siguiendo un modelo de la época de Luis XV, por el ebanista y músico Rafael González, autor de “El Carite”, canto folclórico nacional. La vida de tía Victoria no fue tan longeva como su padre muerto en isla bonita, pues falleció ella cuando tenía 65 años. José de la Cruz Tillero, era marino de los Siete Mares. En esos barcos mercantes donde prestó servicio tuvo la suerte de navegar desde el Pacífico hasta el Índico. Y es más, conoció en ese oficio de alta marinería la Cruz del Sur que es la constelación más famosa del hemisferio Sur y sirve como brújula. Es una constelación tan importante que varios países la llevan en sus banderas. José de la Cruz Tillero nació en Pampatar el día de la Cruz y falleció en Puerto Rico a la edad de 80 años. Era marino y como buen marino al fin, tuvo hijo en Coche, Ciudad Bolívar, Nueva York y Puerto Rico. Luis Miguel, su pariente cercano, recuerda la muerte de tía victoria, no obstante su pubertad, Apenas contaba cinco años: “Recuerdo su cofre negro con remaches plateados. La angustia de la espera porque Marcos, su hijo, no llegaba, amanecía el 17 de diciembre y ella dormida para siempre. Temprano del día siguiente llegó Choncita (Asunción) su hija y Marcos nada que aparecía. A las 4 pm sale el cortejo para el cementerio y cuando la familia ya resignada creyendo que su hijo no llegaría, se oyó la voz de Juancito Serrano mandando a parar dado que el cofre ya estaba dentro de la bóveda. Abdón y sus ayudantes retornaron el cofre. “Llegó Marcos en el bote de Salomón” corrió la voz. Abrieron la urna y el hijo pudo despedirse de su Madre”. (AF)

lunes, 28 de marzo de 2022

RECUERDOS GRATAMENTE SORPRESIVOS

Estaba como uno más de la multitud que disfrutaba un espectáculo nocturno en el Mirador Angostura cuando varios golpecitos sobre el hombro izquierdo me obligaron a voltear: era Teodoro Petkof, muy afable y sonriente. Caminaba un poco distraído por la sabaneta de un sector marginado de Ciudad Bolívar cuando a distancia de unos cien metros frena un automóvil conducido por Antonio José Grimaldi, abre la puerta derecha y sale apresurado directo hacia mi el doctor David Morales Bello: ¡Hola, Américo. Encantado en saludarte, ¿Qué haces por aquí? En hora del mediodía me hallaba en el Rancho-Restaurante “Marhuanta” y entró directo a mi mesa el doctor Edwin Sambrano y me dijo sonriente y un tanto emocionado que iba de regreso a Ciudad Guayana luego de visitar a la familia y viendo estacionada mi camioneta no pudo resistir el impulso de saludarme. Con motivo del 23 de enero me invitó el Alcalde Clemente Scotto a dar un discurso alusivo en el Concejo Municipal de Caroní y discurría en medio de la nutrida concurrencia cuando se presentó y tomó asiento en primera fila, el diputado Ángel Zerpa Mirabal y me dijo luego de concluido al acto que se hallaba en la terminal del Aeropuerto cuando se informó leyendo la prensa local. De manera que interrumpió el vuelo para estar presente en la solemne sesión edilicia presidida por el Alcalde. Caminaba por la acera de la calle Dalla Costa cuando de repente frenó casi pegado a mí una camioneta guiada por su único tripulante, doctor Domingo Álvarez Rodríguez, Gobernador del Estado Bolívar, extendiendo el brazo por su ventanilla me dijo muy sonriente: “Dame, Américo, tu mano para que me des suerte”. Estaba en la terminal del Aeropuerto cuando se disponía abordar el avión el doctor Ramón Castro Mata, y me dijo “voy saliendo para Japón ¿Qué quieres que traiga? Y respondí que de regalo me gustaría un pequeño grabador de reportero para poner la libreta a un lado. Así ocurrió generosamente y lo estrené entrevistado a CAP. Me hallaba redactando las noticias del día en la Corresponsalía de El Nacional, calle Libertad, tras regresar del sepelio de mi madre en la isla de Coche cuando sorpresivamente entraron el gobernador Andrés Velásquez y Secretario de gobierno Eliécer Calzadilla. Había ambos suspendidos momentáneamente las audiencias y bajado a pie de sus despachos para expresarme sus condolencias. (AF)

lunes, 29 de noviembre de 2021

COLOCADA PRIMERA SEÑALÉTICA EN REFUGIO DE FAUNA SILVESTRE PUNTA ‘E PALO DE ISLA DE COCHE

Prensa Ecosocialismo (Minec) / Nueva Esparta, 28/11/2021.- Como parte del cierre del taller de “Anillado de flamencos y monitoreo de aves playeras residentes y migratorias”, los participantes, junto con la comunidad de Punta ‘e Palo en Isla de Coche, estado Nueva Esparta, trabajaron en la elaboración y colocación de la primera señalética en el Refugio de Fauna Silvestre (RFS) del lugar. La acción se produjo luego de sesiones de aprendizaje, planificación, intercambio de experiencias y fortalecimiento de capacidades, que sirvió para conformar un equipo de trabajo y un plan para el regreso al sitio, con la finalidad de continuar con las investigaciones de la avifauna. Con la ayuda de la comunidad y los operadores turísticos, se estableció el compromiso de continuar con las señalizaciones en la reserva, para, de esa manera, garantizar la conservación del territorio y las especies, además del aprovechamiento de la actividad del ecoturismo. Más aves observadas En una jornada previa, se observaron bandadas de aves playeras alimentándose en la arena, entre las que estaba una agrupación de los mundialmente amenazados Playeros Rojizo (Calidris canutus), y un Halcón Peregrino (Falco peregrinus) que intentó depredar a los primeros al atardecer. De acuerdo con la directora general de Diversidad Biológica del Ministerio del Poer Popular para el Ecosocialismo (Minec), Carliz Díaz, se detectó un Playero Arenero (Calidris alba) con una banderola verde lima y un anillo metálico, en el que se logró leer el código «CX>». El equipo procedió a reportar la información a www.bandedbirds.org, con una respuesta que indicaba que el individuo fue anillado inicialmente el 20/05/2021 en Thompson Beach, New Jersey, Estados Unidos. Luego fue visto el 28/05/2021 en Sunray Beach Preserve, New Jersey, Estados Unidos. Este ejemplar identificado como «CX>, voló desde New Jersey hasta la RFS Punta e’ Palo en la Isla de Coche, en lo que constituye un recorrido de aproximadamente dos mil 300 kilómetros. La presencia del Playero Arenero (Calidris alba) «CX>», indica la importancia internacional de observar un ave anillada, que utiliza la RFS Punta e’ Palo para descansar. Este espacio fue decretado como área protegida recientemente por el Ejecutivo Nacional. Prensa Ecosocialismo (Minec) Contacto / ecosocialismoprensa@gmail.com

martes, 9 de noviembre de 2021

El guaikeri de la Isla de Coche que acompañó a Humboldt

Carlos del Pino se llamaba el indio guaikerí que acompañó a Humboldt y a Bonpland durante su exploración científica por Venezuela Este era un indio de la raza guaikerí, vigoroso y fuerte como todos los hombres del mar, que desde niño soñaba con ir más allá de la Isla de Coche y de las costas de la Nueva Andalucía, pero su piragua hecha con el robusto tronco de un árbol no podía remontar las olas altas como los barcos españoles que desde 1492 llegaban por aquellos mares. ¡ Si alguna vez pudiera yo penetrar el horizonte desde la jarcia de uno de esos barcos! - soñaba Carlos del Pino que así se llamaba aquel indio guaikerí de piel cobriza, sagaz observador y siempre desnudo hasta la cintura. La mañana del 15 de julio de 1799 cuando iba de patrón en su piragua con varios de su raza a buscar madera de construcción en los bosques de cedro que se extiende desde el Cabo de San José hasta más allá de la desembocadura del río Carúpano, sin más bastimento que cocos y pescado frescos, observó que un barco español fondeaba cerca de la Isla de Coche, izaba el estandarte de Castilla y lanzaba cañonazos. Temeroso y sin saber de qué se trataba, en vez de huir como lo hacían otras piraguas, Carlos del Pino puso proa hacia la corbeta. Era el “Pizarro” donde viajaban hacía 40 días, desde el puerto de la Coruña en España, los naturalistas Alejandro de Humboldt y Bonpland, a los cuales le llamó la atención aquella pequeña isla baja con médanos enclavados, aparentemente deshabitada y llena de cactus cilíndricos, semejantes a candelabros. Como las sondas habían indicado poca profundidad, no desembarcaron sino que escudriñaron la isla a través del catalejo. Así que luego de varias horas levaron anclas y navegaron hacia el Oeste, rumbo a Cumaná. A bordo iba el indio Carlos del Pino. Había abandonado a sus compañeros para desde las jarcias de una corbeta realizar el sueño de ver el horizonte verde donde quedaría para siempre. En el trayecto el indio entretenía a Humboldt y a Bonpland con relatos de su tierra. De esta manera se enteraron de que a pocas millas de la costa existía una faja de tierra montuosa y fría, habitada por españoles y de que en las llanuras viven dos especies de cocodrilos así como boas, anguilas eléctricas y varias especies de jaguares. Humboldt comenzó a despertar su extraordinaria curiosidad por las maravillas del país que comenzaba a visitar. Le inspiró el indio tanta confianza y sabiduría que se lo llevó consigo de ayudante por todo su recorrido recolectando plantas y animales, estudiando y analizando el calor, el contenido magnético y eléctrico de la atmósfera, determinando longitudes y latitudes geográficas, midiendo montañas e investigando al fin todo el poder viviente de la naturaleza. Para todo venía muy bien, en una u otra tarea, el indio Carlos del Pino que de lobo de mar se veía de pronto convertido en alumno de la ciencia. Acostumbrado al viento franco y a la inmensidad del mar, le parecía muy poca cosa aquellos ríos, sin embargo, experimentaba cierto sobrecogimiento por las selvas presintiendo como mal augurio que sería al fin atrapado por ella. Por eso, luego de varios meses de recorrido, quería dejar atrás el Apure, el Orinoco, el Atabapo, Río Negro y el Casiquiare para retornar pronto al mar con los suyos, pero tal como lo presentía, llegando a la Angostura del Orinoco, la malaria comenzó a minar su cuerpo y la miel mezclada con extractos de quina no pudo, como a Humboldt y Bonpland, salvarle la vida. Murió a los ocho días de haber llegado a aquel puerto fluvial de la colonia gobernado por don Felipe Inciarte. De Carlos del Pino nunca más se supo en la tierra de los guaikeríes. Se quedó para siempre sembrado en Angostura el indio que renunció al mar para descubrir el horizonte insondable de la selva.(AF)

viernes, 17 de septiembre de 2021

LA INGRATA AVENTURA DE MIS PATINES

Yo tuve un par de patines que me regaló Américo Albornoz Martínez cuando ambos éramos monaguillos del padre Agustín Costa que amaba tanto a los niños como San Juan Bosco en la iglesia de La Asunción, capital del Estado Nueva Esparta. Américo Albornoz estudiaba sexto grado con el profesor Luis Pibernat y yo cuarto grado con la maestra normalista Nuncia Villaroel en el Colegio de Varones Francisco Esteban Gómez. Cuando su hermano mayor se graduó de médico en Caracas mando a buscar a todos sus hermanos y yo como único recuerdo cargaba mis patines para todos partes. Una vez me fui de vacaciones a la isla de Coche y rodaba con mis patines en la única calzada que tenía la isla al lado de la Iglesia. Allí varias veces sobre mi pierna derecha calzada de patín paseaba al niño Víctor Salazar que llegó a ganar el primer premio de poesía latinoamericana. Cuando viaje a Caracas a estudiar me lleve mis patines y en las madrugadas de diciembre era uno los tantos ruidosos patinadores del Conde Este 10 Bis cerca del Puente Mohedano. Una madrugada decembrina me pegué del chasis de un camión estaca que pasaba y rodando caí en una alcantarilla y me lesioné gravemente una de las rodillas. Mi prima Carmen Verónica Coello que era médico residente del Centro Médico del Seguro Social cargó conmigo y me inyectó una antitetánica. Mi tia Regina toda preocupada tomó mis patines y los lanzo al río Guaire que discurría por detrás del patio de la casa-quinta. A veces me subía la azotea para ver si por arte de magia flotaban mis patines. Un día de la estación lluviosa el Guaire que parecía turbio y tranquilo, se desbordó de repente y creí que mis patines al fin flotarían, pero no. Un vecino me dijo que seguramente la impetuosa corriente desbordada los hizo rodar hasta el mar que es el morir, como dice el poeta. (AF).

domingo, 8 de agosto de 2021

EL GATO NEGRO DE JUAN GIL

El navegante Juan Gil (Juan Casanova Gil), de la isla de San Pedro de Coche, tenía un Gato Negro en su depósito de mercancías y la gente atribuía al felino poderes mágicos que seguramente trasmitía al comerciante para que siempre tuviese buena fortuna en sus negocios. Para probar si era verdad, el travieso Abdón, hijo de Martina, se las ingenió para localizar al gato y matarlo de una certera pedrada en la frente disparada con onda. Lo cierto es que Juan Gil se vio afectado por la depresión económica de 1929, pero la gente tercamente lo atribuía a la muerte del gato negro (AF).