martes, 18 de junio de 2013

Quién de la isla de Coche responde a estas interrogantes?

Riolama Fernández

Gregorio Reyes Generosos y gentiles tus comentarios, los agradezco infinitamente. Ademas algunos detalles han exacerbado mis recuerdos y mi curiosidad. En primer
lugar recuerdo haber leido algo de tu amor por la isla de Coche, algo asi
como el origen de tus raíces; resulta ser que mis antepasados por el lado materno (incluida mi madre) eran nativos de allí y cuando conversaban, con frecuencia hacían referencia a alguien de nombre Américo Fernández y a
otras personas del mismo apellido. Nunca he estado en Coche, ya que nací en Margarita y cuando tenia seis meses mis padres se trasladaron a Caracas.
La curiosidad que tengo es si existe la posibilidad de que tu padre sea esa persona de quien hablaban en mi casa. Quienes podrìan darme algunos otros detalles murieron hace años, quizas si te doy alguna informaciòn sobre mi pudieramos satisfacer esta curiosidad. Alli va: mi abuela materna se
llamaba Josefa Perez, sus hermanos Asisclo , Marcolina (quien se caso con
Simon Fernández), Guillermo y Silveria (si no recuerdo mal su esposo se
llamaba Manuel Sánchez). Entre los otros Fernandez que se mencionaban
recuerdo a Victoria Fernández. Alli te dejo ese caso de investigación. Una pregunta final, Tienes una direcciòn electrònica? la mìa es grv68@hotmail.com.
Un cordialisimo saludo._

martes, 16 de abril de 2013

Los "ñeros" que fueron al Mar Rojo a sacar madreperlas


            Los “Ñeros” estaban como pobres de nuevos horizontes cuando el turco Salim les abrió los postigos de lugares remotos que excitaron  su espíritu de hombres de mar y, sin pensarlo mucho, un día antes de la octavita de la virgen se hallaban “arrasando” los ostrales del mar rojo.

            De Margarita a las costas de Arabia hay un buen trecho y la distancia se refleja en  la naturaleza, forma y color de las costas.  Perlas como las de Paraguachoa, ninguna aquellas madreperlas de allende los mares eran más pobres que el alma del turco Salim Abouchamad, empresario de la idea.
            En la propia geografía de los acontecimientos, allí frente a las costas de Eritrea y Socotora, las celosías de la emoción por nuevos mares promisorios se cerraban.  Había que regresar.  Caletearon pesados fardos del ejército italiano a apoderarse de Etiopía y se hicieron de unas cuantas liras para sobrevivir y escapar de los nubarrones belicistas que se cernía sobre la negra Abisinia.
            En Venezuela, Gómez tenía la muerte anunciada, pero el Correo era más expedito  que el de ahora y mi General pudo enterarse a tiempo de las vicisitudes de aquellos diecisiete pescadores margariteños que quisieron establecer su ranchería en las costas africanas.  De manera que ordenó todas las providencias consulares para reponerlos de nuevo en el punto de donde salieron un 24 de julio de 1934.  Al cabo de trece meses retornaron los “ñeros” de aquella  aventura parecida a un cuento de la sultana Scherezada.



viernes, 18 de enero de 2013

El cantor margarieño Perucho Aguirre



            Perucho Aguirre, poeta y cantor de la tierra amada, me regaló su cuaderno que habla de las cosas más bellas y puras de la isla de Coche y de un momento imborrable de su infancia allá en su natal Otrabanda de la Asunción de donde también era su padrino Concho, Juan Cancio, el zapatero Cheque Larez y la maestra Luisa que tantas veces lo salvó de los correazos de aquel papá impositivo que enfermo se ponía la ampolleta él mismo en la vena.  Nos impresiona Perucho con su imagen de niño que trataba de entretener  la pena que le causaba la muerte de su padre y lo que aguardaba, empinado su volador desde la acera donde llegaban los lamentos y lágrimas del velatorio.

            “¿Perucho, mijo venacá, es que no te das cuenta? ¡Tu padre en cuerpo presente y tú en esta calzá montado volador! ¿Tú no ves que estamos llorando? ¡Dame  acá! Ven para que te despidas de tu padre que lo van a tapar”... y Perucho soltándose de los brazos de su maestra pasó corriendo entre aquel gentío de ropas moradas, blancas, y negras hasta ganar el fondo de la casa y esconderse más allá, junto a un riito detrás de una guaratara grandísima donde los ñangaragatos le secaban con lágrimas el recuerdo de aquella sentencia de su padre enfermo postrado en el catre:  “Ya saber Concho, si me muero, tu eres el pái deste muchacho y cuidadito como me lo consientes una porque te salgo”.

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CON SANPEDRO EN EL MAPIRE
Y DE ANGOSTURA CRONISTA
LA VIRGEN QUE TE ASISTA
EN LA TIERRA. DEL CHIGUIRE,


Te fuiste con la sequía
llevándote en tus guarales
 al gran Rafael González
berbiquí de poesía.
Con su Carite por guía
 olor a Carcanapire
en tu sol grande y catire
 te fuiste buscando almíbar
y arribaste a Bolívar
CON SAN PEDRO EN EL MAPIRE.

Con ribazones de Anchoas
 quedó tu Isla de Coche
y titilando en la noche
sus velámenes y proas.
Adios lomas y canoas
El Orinoco en tu vista
alto espíritu de artista
por tu condición humana
si te sembraste en Guayana
A. LA VIRGEN QUE TE ASISTA


Allá quedaron tus gentes
las anclas, los alcatraces
las diversiones vivaces
la luz de Vicente Fuentes.
Los corazones ardientes
de colorida revista
y te hiciste articulista
de los sin odio y ofensa
todo un Señor de la prensa
Y DE ANGOSTURA  CRONISTA.


Emprendes Licenciatura
del Periodismo sin fraude
y logras Suma Cum Laude
premio a tu inmensa cultura.
Eso lo logra el que jura
sin que conciencia le gire.
 porque todo el que se inspire
se hace un hombre de los grande: 
corno AMERICO FERNADEZ
EN LA TIERRA DEL CHIGUIRE.


De su hermano querido y también en la onda del pueblo
Perucho Aguirre, para Américo Fernández    
Ciudad Bolívar.
Maturín 04/06/95



lunes, 10 de diciembre de 2012

El Hamelin de la Isla de Coche



Mallía era como el flautista de Hamelín, sólo que en vez de la dulce flauta utilizaba una lata de caramelos. Mi padrino Mallía cada vez que se pasaba de copas, se armaba muy bien en las bodegas de las equinas de parada y a paso acelerado por medio de la calle iba lanzando caramelos a los muchachos que le seguían al mismo ritmo festivo.  Picha!  más picha Mallía! y a ese paso llegaba hasta el mar donde tenía fondeado su pequeño velero ostentando el nombre de  "San Rafael".

sábado, 21 de julio de 2012

Árbol Genealógico



ÁRBOL GENEALÓGICO DE LOS FERNÁNDEZ POR LÍNEA PATERNA


Juana Velásquez
Paula Velásquez

Manuel de Jesús Velásquez Velásquez
María de Jesús Coello


Pablo Coello
Braulia Cedeño


Regina,   Braulia,   Belén,   Saturnina,   Pablo,   Ana Antonia,    Irene,   Berta y


Jesús Ramón Coello
Evangelia Fernández


Américo de Jesús     Petra Margarita     Luis José-----Elena Mercedes



Américo de Jesús Fernández
Teresa Coraspe


Ángel Américo  -   Rusalca Luisa  -   Ondina Elena  -  Riolama Ifigenia -  Aror del Carmen

RUSALCA LUISA  
                                                                     Hani y Anaís    

                                                 Ondina Elena y Darío Vitanza
                                                         Franco, Yira, Lena             

                                               Aror del Carmen y Alfonso Mareschi

                                                                       Alfonzo



ÁRBOL GENEALÓGICO DE LOS FERNÁNDEZ POR LA LÍNEA MATERNA


Francisco Abad  (español) padre de

José Ignacio Bermúdez marido de
Etanislá Fernández (Los Bagres-Margarita)


Carlos  - Isabel  -  Petra Antonia  - Timoteo  - Cleto  -  Catalina  -  Primitivo  - Félix     

Petra Antonia Fernández
José de la Cruz Tillero (*)



Rosa    Victoria    Juanita    Evangelia


Evangelia Fernández
Jesús Ramón Coello


José Jesús  -  Américo de Jesús  - Luis José  -Petrica  - Elena Mercedes


Américo de Jesús Fernández
Teresa Zoraida Coraspe


Ángel Americo  -Rusalca  -Ondina  -Riolama  -Aror –Jesús Américo



(*) José de la Cruz Tillero
Nació en Pampatar y falleció en Puerto Rico a la edad de 80 años.  Era marino y como buen marino al fin, tuvo hijo en Coche, Ciudad Bolívar, Nueva York y Puerto Rico.
Hijos en la Isla de Coche: Rosa, Victoria, Juanita y Evangelia.
Hija en Ciudad Bolívar: María de Lourdes
Hija en Nueva York: Carmen Marín Tillero
Hijos en Puerto Rico  en unión con Fidela  de Jesús Atalaya Castaño: Carmen Mercedes y José del Carmen (Dirección Calle Caparra No. 4)



sábado, 16 de junio de 2012

CHICA ANTONIA

Chica Antonia era seguramente el personaje más elocuente de la Isla de Coche.  Cicerón se habría quedado corto pronunciando sus catilinarias en el anfiteatro romano.  La casa de Chica Antonia no era nada parecida a un anfiteatro ni a una tribuna o estrado judicial por el estilo.  Ella, simplemente, dejaba los oficios domésticos y se plantaba en la puerta de su vivienda, frente a la plaza,  y desde allí, al calor de sus conflictos internos, pronunciaba el discurso de la noche.
         Los árboles de la plaza se estremecían.  Frutos y flores caían vencidos por el impacto de la palabra sonora, hiriente y estridente; las piedras de la colina contrapuesta vertía sus lágrimas de piedra más los muros de la Iglesia y casas circundantes quedaban penetradas en su silencio
         La voz de Chica Antonia era encendida, clara, trepidante, y alcazaba los recodos ignotos sin necesidad de altoparlantes.  Había más bien que taponearse los oídos y quedarse aletargado al influjo insoportable y a veces curioso e interesante de la perorata nocturna.
         Las hijas se quejaban frecuentemente del dolor de oído y el médico polaco Stanilao Wíndiga le decía que eran los altos decibeles de su madre.  El único policía del pueblo, el señor Chano Paruta, sin revólver pero armado de un buen rolo pulido y tallado, descansando siempre bajo la fronda de la Mata de Tamarindo, tenía que refugiarse en uno de los calabozos de la Prefectura hasta que la vecina bajara el volumen.
         También la membrana del tímpano de Eduviges, su marido, retumbaba como tambor fuera de lo normal, pero él, como era buzo de escafandra, lo atribuía a las profundidades  del mar donde tenía que sumergirse en busca de la madreperla.
         Sus paisanos y amigos admiraban la complexión atlética del buzo, y también, por supuesto, la resistencia que le permitía convivir con aquella mujer ampulosa no sólo de cuerpo sino de voz “que Dios me libre (exclamaba la gente) de caer en las profundidades de esa garganta”.